dancística :
PaginaInicial
PaginaInicial
::
Categorias
::
Login/Registrarse
====Escala estratégica de una estrella==== Por Martha Sánchez (Cuba) En las soleadas y calurosas calles de La Habana Tamara Rojo asombra tanto como en el escenario del Covent Garden de Londres, pero solo a los ojos de quienes conocen su genio. Viste la sencillez y la humildad en esta isla con el mismo encanto que los lujosos trajes del Royal Ballet en Europa. Apostada sobre una butaca del Hotel Presidente, sin lujos ni maquillaje, la joven -de breve figura- únicamente parece extranjera por su color de piel, ajeno al sol del Caribe. Pero, a pesar de que las condiciones en Cuba son ideales, no ha venido de vacaciones. Durante una semana, la primera bailarina de la más importante compañía británica, compartió clases y ensayos en la sede del Ballet Nacional de Cuba (BNC) antes de iniciar su temporada de verano en varias ciudades del mundo. ?Vine a buscar el trabajo del ballet de Cuba, a recibir ensayos de Loipa Araújo. Cuando ella no va, vengo yo. Loipa trabaja muchísimo con los bailarines del Royal Ballet y es una de las maestras que más aprecia la Compañía. Tengo una gran temporada de verano próximamente y quiero ir en buena forma, así que vine a prepararme con ella?. De Cuba, la artista partió hacia España para bailar junto al cubano Carlos Acosta y el Royal Ballet de Londres una temporada de ?Romeo y Julieta?. Luego viajará a Turquía, donde actuará en un teatro al aire libre ante 20 mil espectadores. En Japón le esperan dos compromisos: bailar ?Don Quijote? junto al cubano José Manuel Carreño y diez funciones con el argentino Iñaqui Urlezaga en el World Ballet Festival de Tokio. De regreso a España, compartirá la escena con Julio Bocca, estrella del American Ballet a punto de retirarse. En Barcelona, ella y Carreño acompañarán al English National Ballet en ?Giselle?. Y en septiembre volverá a Londres, con su Compañía habitual. Dada la inminencia del XX Festival Internacional de Ballet de La Habana (28 de octubre al 6 de noviembre) una inquietud nos aborda: -¿Vendrás al Festival? Desgraciadamente no, porque preparamos una creación nueva en el Royal Ballet y el coreógrafo inglés Wayne McGregor, dueño de una compañía en Sadler Wells, quiso crear conmigo. Los coreógrafos son muy especiales. No podré venir a esta edición pero a la siguiente seguro vengo. Esa celebrará los 60 años de la fundación del BNC, así que también será importante. -¿Qué te gustaría bailar en ese Festival? Me encantaría bailar ?Carmen?, del cubano Alberto Alonso, pero también me gustaría traer cosas de afuera. Hablaría con Carlos Acosta para interpretar fragmentos de ?Mayerling?, del británico Kenneth McMillan. Y creo que sería lindo poder hacer la ?Carmen? de Alberto y luego el paso a dos de la ?Carmen? de Roland Petit para que se vea la diferencia. Haría cosas así para beneficio del público y el mío propio. -¿Cuáles son los papeles que asumes con más frecuencia en la actualidad? Julieta, de ?Romeo y Julieta? de Kenneth MacMillan, Manon, coreografía del propio MacMillan, y Odette-Odille, las protagonistas de ?El lago de los cisnes?, un ballet que se baila siempre, siempre... pero de los clásicos creo que es el que más me gusta. De los del siglo XX prefiero a Manon, Carmen y Mayerling antes que Julieta; pues me gustan los personajes de carácter fuerte. -En una época mostraste preferencia por los clásicos, ¿has variado el gusto con el tiempo? Ocurre que yo empecé tarde a bailar los clásicos. Entonces, tenía la sensación de: ?tengo que hacerlos?, ?tengo que hacerlos?, me lo decía una y otra vez, los deseaba tanto... Ahora no, ya los he hecho y me siento bien. Como yo salí de la Compañía de Víctor Ullate sin ningún repertorio clásico cuando llegué a Londres quería hacerlos todos. Además, sabía que las creaciones uno las puede hacer toda la vida, los clásicos no. -¿Cuán importante es para una bailarina actuar con inteligencia tanto en la vida como en la escena? Es difícil contestar esa pregunta sin parecer una arrogante absoluta ?sonríe ruborizada la joven-. Ser inteligente es importante en todo en la vida. En la danza no basta tener unas condiciones físicas y buena técnica, también hay estar en el momento justo, en el lugar apropiado y saberlo, o sea, ser consciente de que estás en el momento justo, en el lugar apropiado, o que no lo estás y entonces tomar la decisión de irte. Las decisiones que van construyendo una carrera son personales. Y obviamente, van a estar influenciadas por nuestra capacidad de observación y sobre todo de decisión. El saber elegir un maestro en vez de otro, un repertorio que a uno le sirva, una Compañía que le proyecte, muchas veces el renunciar a cosas, tanto en el plano personal como en el profesional. Yo renuncié a ser primera bailarina de una Compañía tres veces, para volver a empezar en una compañía nueva, sin ningún tipo de complejos, ni de arrogancia, pero creo que eso me ayudó, el saber en algún momento que había llegado al límite en ese sitio y que era mejor empezar en uno nuevo. Era un riesgo que otras personas percibían como una equivocación y de hecho me lo dijeron como amigos: ?creo que no debes hacer eso, tú estas en un sitio seguro?. Pero uno tiene que tener visión de futuro. Todas esas cosas son importantes en una carrera. -¿Entonces Tamara Rojo no teme a los riesgos? ¿Si no para qué te haces bailarín? Me hubiera hecho oficinista y ahí sí encuentro un trabajo seguro. -Un trabajo seguro y nadie se iba a acordar de ti. Igual nadie se iba a acordar de mí si me quedaba en mi primer trabajo. -¿Por qué algunos artistas consideran casi una hazaña conquistar al público de Londres? Londres es un público muy difícil que, aunque tiene tradición de danza, no derrocha amor por este arte como el público cubano, por eso hay que atraerlo mucho más. Es un público acostumbrado a toparse con una gran diversidad de opciones: teatro, cine, las mejores orquestas del mundo, las mejores obras, mucha variedad. Entonces cuando van a verte te están haciendo un favor y uno tiene que hacer que no piensen al final del día: ?tenía que haber comprado entradas para otro sitio?. Un público difícil, cansado, estresado, que no aplaude lo que no le gusta, no tiene miedo de abuchear o de levantarse e irse en pleno espectáculo. Londres es una ciudad muy cara y la gente paga mucho dinero para ir a un teatro, entonces son muy exigentes. Además, el público inglés tiene una fuerte tradición de teatro y pide que el bailarín sea muy dramático, cosa que a mí me gusta porque me parece que es parte de lo que la danza debe ser. Cuando el arte funciona con ese público uno se siente muy bien porque sabe que realmente ha hecho un buen espectáculo. -De Londres Tamara saltó a los mejores escenarios del mundo? Londres es una ciudad muy especial de gran proyección internacional. Gran Bretaña tiene magníficas conexiones con sus antiguas colonias, como Australia, Hong Kong, Estados Unidos. Todo el mundo anglosajón está atento a lo que sucede en Londres, y las naciones asiáticas también, sobre todo Japón. En Londres pasa todo, como ya decía, el mejor teatro, las mejores exhibiciones del mundo tienen que pasar por la Royal Academy o por el National Museum, todo tiene que pasar por allí. Entonces si algo funciona de verdad, la gente se entera. -¿Te gustaría bailar alguna vez con el American Ballet Theatre (ABT)? Sí me gustaría muchísimo bailar una temporada con esa Compañía. He bailado en el Metropolitan Opera House de Nueva York (el teatro sede de esta Compañía) pero no con el ABT y de veras me gustaría hacer por lo menos una temporada. -¿En una ocasión declaraste a la prensa que querías ser el Quijote de la danza? Eso tiene más que ver con la situación de la danza en España, por la escasez de estructuras para la danza y de respeto realmente por la danza que hay allí, es una vergüenza. Más que decirlo yo es lo que me suelen decir allí, que parezco el Quijote de la danza porque siempre me estoy quejando y diciendo: ?esto no puede ser, esto debiera hacerse así?, pero bueno, alguien tiene que decirlo. El ballet clásico no está tan arraigado en España, lo estuvo pero lo han olvidado, hoy niegan el pasado. Ellos dicen: ?no, no tenemos tradición?, y es mentira. Los Ballets de Diaghilev se quedaron en Madrid, bajo la tutela del rey, antes de la República, durante la Primera Guerra Mundial, para esconderse allí y que no les pasara nada. Allí crearon ?El sombrero de tres picos? y muchas otras cosas. Allí conocieron a Picasso. Nosotros tenemos tradición en la danza, pero la niegan, eso es lo que me molesta. Aunque nació en Montreal, Canadá, Tamara, hija de padres españoles, se crió en Madrid y hoy es todo un símbolo de España, su bailarina clásica de más sólido prestigio. También, una de las principales críticas de la danza y la educación artística en el país. Por la carencia de academias y compañías profesionales clásicas allí, la joven se vio obligada a desarrollar su carrera en el extranjero. El Ballet de Víctor Ullate le proporcionó adecuado entrenamiento pero, en 1996, la invitación de integrar el Scottish Ballet le abrió las puertas definitivamente en la danza clásica. El English National Ballet la llamó enseguida a formar parte de su elenco y le entregó una experiencia artística valiosa. En el 2000, Sir Anthony Dowell la contrató como primera bailarina del Royal Ballet de Londres, la compañía más relevante de Reino Unido y uno de los puntales en el mundo. La Rojo ha bailado, en calidad de invitada, con el Ballet del Teatro La Scala de Milán (Italia), el Ballet de la Ópera de Niza (Francia), el Ballet de la Ópera de Berlín (Alemania), el Julio Bocca Ballet Argentino y el Ballet Nacional de Cuba. -Las exigencias a la técnica clásica en la actualidad provocan, inevitablemente, graves lesiones a los bailarines y en ello, por desgracia, ya cuentas con experiencia ¿qué enseñan las lesiones? Yo, la verdad, no se las deseo a nadie, pero si vienen hay que aprovecharlas para replantearnos çómo bailamos. Generalmente las lesiones suelen venir de hábitos, a no ser un accidente -que nos puede pasar a todos-, pero yo he visto pocos accidentes, incluso en los hombres que caen de saltos, hay pocos accidentes que no tienen una razón mecánica detrás. Suele ser la consecuencia de una falta de fuerza en algún músculo, de preparación para hacer un paso, o de calentamiento. Entonces, ya que nos obligan a parar, uno lo que tiene es que aprovecharlas, replantearse cómo está bailando, hallar qué no funciona, buscar un preparador físico que nos ayude a superar el daño, prepararse y regresar. Volver empezar a veces hace mucho bien porque por el ritmo que llevamos los bailarines a veces nos volvemos automáticos y es bueno tener que repensar lo que hacemos. -¿Cómo ves al BNC en comparación con otras Compañías del mundo? El nivel de la danza en Cuba es altísimo, la calidad de los bailarines es muy difícil encontrarla en otras compañías, desde el cuerpo de baile hasta los primeros bailarines. Eso tiene mucho que ver con la escuela cubana que obviamente es una de las mejores del mundo, que produce bailarines y exporta a todo el mundo. Eso es muy difícil de encontrar. Generalmente las compañías internacionales no tienen tan buenas escuelas y son más eclécticas. Eso tiene de bueno que el artista recibe la influencia de varios tipos de escuelas y aprende. Por ejemplo, en el Royal Ballet hay grandes bailarinas francesas como Sylvie Guillem, inglesas como Darcey Bussel, rusas, japonesas, y uno aprende de todas, pero, por otra parte, el cuerpo de baile se ve menos homogéneo, es difícil crear un ambiente de cuerpo de baile en el que dancen todos los bailarines juntos, excepto en las compañías rusas pero incluso esas están cambiando. La última gran Compañía de escuela es el ballet de Cuba, que tiene una escuela que alimenta constantemente a la Compañía, y eso se nota, se ve claramente. -¿Qué le aconsejarías al ballet cubano? A mí me parece que ya está sucediendo, yo veo los cambios todos los años. Por ejemplo, el que se traigan coreógrafos extranjeros me parece muy buena idea, que estén creando para vosotros gente de afuera, pues lo que falta en Cuba son influencias extranjeras. Cuba es una isla y está aislada, eso se nota en todo el arte cubano, que es retroalimentado constantemente por vuestras tradiciones, vuestra cultura, vuestra música, y eso tiene un límite. Llega un momento en el que se necesitan influencias de otros sitios. Le pasó a Rusia, a España, les pasa a todos los países que están aislados durante un tiempo. Y eso es lo mejor que pueden hacer, traer artistas de afuera como traen todos los años para el Festival, pero además, deberían dejar entrar coreografías e influencias, que, buenas o malas, les permitan repensar su propio arte. Creo que les ayudaría a mejorarlo y enriquecerlo. -¿Con qué partenaires (compañeros de baile) te has sentido más cómoda? Con los cubanos (ríe pícaramente). Con Carlos Acosta, José Manuel Carreño, Joel Carreño y con un inglés, Jonathan Cope, un primer bailarín del Royal Ballet que fue muy buen partenaire y una bellísima persona; pero se retiró ya. -A pesar de ser una de las grandes estrellas de la danza a nivel mundial eres una joven muy sencilla. ¿Crees que es una condición para ser una estrella alejarse del público? A mí me parece que es una condición, para ser buen artista, tener relaciones normales con las personas. Tú no vas a ser capaz de entender qué es lo que lleva a una persona a matar, por amor o por odio, o a drogarse, o a matar a su hijo, si no estás consciente de cómo vive la gente, de qué es lo que pasa por los cerebros humanos todos los días. Y si te aíslas como artista te vuelves totalmente esquizofrénico, totalmente irreal, y dejas de entender a las personas. Eso pasa en todo, no solo a los bailarines, se ve en las artistas del pop que no pueden salir a la calle y mezclarse con la gente y se empiezan a volver un poco excéntricas y a tomar decisiones que nos parecen ridículas, y entonces se hacen el hazmerreír del resto del mundo. Eso le sucede a cualquiera que no pueda sostener una relación normal con el género humano. Al fin y al cabo somos así, necesitamos el contacto con el resto, tener una vida normal. Los mejores artistas que conozco, de cualquier campo, son por lo general bastante humildes. Siempre hay alguna excepción pero generalmente son personas con autocrítica, que no se ponen por encima de los demás. -¿Si pudieras cambiar algo en tu vida qué sería? Nada, porque entonces no sería yo. O, pensándolo mejor, cambiaría probablemente, cosas que yo haya hecho a otras personas que les haya causado daño, porque eso no es necesario, y aunque en ese momento me pareció importante estar en lo mío y hacer esto por determinada razón, debería haber buscado formas para hacerlo sin causar daño a los demás. -¿Te gustaría probarte en otras artes o en alguna otra profesión? A mí me gusta hacer bien las cosas, soy bastante competitiva, me exijo ser buena en lo que hago, entonces si hiciera otra cosa eso tomaría todo mi interés y por ahora la danza lo ocupa por completo. Es lo que me gusta hacer. -¿Por qué te hiciste bailarina? No fue una decisión consciente. Simplemente un día entré a una clase de ballet y no quise volver a salir nunca más. Fue una revelación. Yo sabía que allí era dónde quería estar pero no conocía lo qué era ser bailarina, porque en España no había ballet y por tal no se veía ballet. Yo realmente ignoraba lo que estaba haciendo, solo sabía que me gustaba hacerlo. -¿Cuál ha sido tu carta de triunfo? El trabajo, y un poco de humildad para saber que siempre hay alguien con quien se puede aprender, que aunque yo tenga unos años de experiencia, unos premios y un nombre, siempre hay maestros que me pueden enseñar algo más. A los 20 años Tamara conquistó la medalla de oro en el Festival Internacional de Ballet de París, en 1994. En años sucesivos fue reconocida con el Premio de la crítica italiana (1996), el Lauro a la Mejor Bailarina que otorga el Círculo de Críticos del Reino Unido (2001), la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2002), el Premio al Valor, de los premios Positano "Leonid Massine" (2004) y fue elegida como embajadora de la Fundación Hans Christian Andersen de Dinamarca. A fines del 2005 compartió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes con la prima ballerina assoluta de Rusia Maya Plisétskaya (por primera vez dos figuras de la danza se alzaron con el galardón). Sin embargo, ha dejado claro que el amor por el ballet, la sencillez, la humildad y la inteligencia son sus distinciones favoritas. ¿Los premios cambiaron algo en Tamara? Cambiaron en que aumentan mi responsabilidad ante el público. Es cierto que antes un espectáculo era yo, o yo y mi partenaire, ahora soy yo, mi partenaire, y además los premios, la expectativa del público, el nombre. Cambia que los teatros se llenan más, que ahora la danza clásica tiene una mayor importancia en España, que hay puertas a las que llamo y se abren, que antes no se abrían. Esas cosas cambian pero mi esencia no. En La Habana Tamara exploró el ritmo de trabajo de los bailarines cubanos. Durante una semana tomó a diario clases de ballet con la Compañía y numerosos ensayos con Loipa Araújo de los pas de deux ?Don Quijote?, ?Esmeralda? y otros que bailará en la amplia temporada de verano. A pesar del calor y el agua por todas partes, esta vez no tuvo tiempo para disfrutar los placeres de la isla. La calidad de su arte tiene un precio y ella lo asume, con creces. **Loipa Araújo:** ?La exótica Loipa con sus brazos que hacen música y sus inteligentes pies?, como la definiera el crítico inglés Arnold Haskell, comenzó a estudiar ballet en la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana, en 1948. Siete años después ingresó al Ballet Alicia Alonso, luego Ballet Nacional de Cuba. En esta Compañía alcanzó el rango de primera bailarina en 1967; pero antes, se convirtió en la primera bailarina cubana en conquistar una Medalla de Oro en un certamen internacional. Lo consiguió en el II Concurso de Ballet de Varna, Bulgaria. Luego, en 1969, obtuvo la plata en el Primer Concurso de Ballet de Moscú. En Francia le otorgaron la Estrella de Oro, en el VIII Festival Internacional de Danza de París, por su interpretación de ?Grand pas de quatre? y recibió la Medalla de Oro en el Festival de Laureados Katia Popota, en Pleven, Bulgaria. En la década del 70, actuó como artista invitada en el Teatro de la Opera y Ballet de Sofía, Stara Zagora, de Bulgaria, los Teatros de la Opera de Odesa y Kiev, y junto a los Ballets de Marsella, que dirige Roland Petit. El genial coreógrafo francés la convidó a protagonizar el estreno mundial de sus ballets ?Las intermitencias del corazón?, ?Estudios y preludios? y ?La arlesiana?. Además bailó ?Carmen?, ?Coppélia? y ?Nuestra señora de París?, entre otras versiones y coreografías de Petit. En esa época, actuó como artista invitada en el Real Ballet de Dinamarca y el Ballet Bolshoi de Moscú (junto a esta Compañía interpretó ?Carmen? y ?El lago de los cisnes?), participó en numerosas Galas y Festivales Internacionales en Zuiza, Francia, Italia, México, Japón y Cuba, entre otros. Su país le ha concedido altísimas distinciones: el Instituto Superior de Arte de Cuba la nombró Doctora Honoris Causa en Arte, en el 2000, y el Consejo Nacional de las Artes Escénicas del Ministerio de Cultura y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba le entregaron el Premio Nacional de Danza, en el 2003. Loipa, alumna de Fernando, Alicia y Alberto Alonso, desde su juventud fue invitada por sus maestros a impartir clases, así que asumió la enseñanza mientras aún se perfilaba como estrella de la danza internacional. Con el tiempo devino también en maître de prestigio. Varios de los bailarines más aclamados del momento solicitan su asesoramiento y es maestra invitada de la Opera de París, el Royal Ballet de Londres, la Scala de Milán, el Ballet Boshoi y el Washintong Ballet, entre otras Compañías. Loipa Araújo, Josefina Méndez, Aurora Bosch y Mirta Plá, trascendieron como ?las cuatro joyas del ballet cubano?, denominación que instituyó, en la década del 60 del siglo XX, el crítico inglés Arnold Haskell, considerado el decano de la crítica de ballet en el mundo.
Por favor, Añade una nota a la edición
Wiki MailxMail - Crea tu propio Wiki
Powered by
Wikka Wakka Wiki 1.1.6.0
∞